Dos figuras emergentes, ambos en la treintena, se preparan para un debut político de alto calibre, aspirando directamente a la vicepresidencia de la nación. Edman Lara, de 39 años, y Juan Pablo Velasco, de 38, son los compañeros de fórmula de los candidatos presidenciales Rodrigo Paz, por el Partido Demócrata Cristiano, y Jorge Quiroga, de Libre, respectivamente. Uno de ellos asumirá la crucial responsabilidad de liderar la Asamblea Legislativa Plurinacional y ocupar el segundo cargo más importante del Estado.

Ambos perfiles, marcadamente distintos, han sido objeto de un intenso escrutinio público. La figura del exoficial Lara, por ejemplo, ha generado particular interés, al punto de haber sido objeto de un reconocimiento por parte del expresidente Evo Morales, una distinción notable que no fue extendida a otros líderes emergentes. Desde la noche del domingo 17 de agosto, cuando los resultados electorales preliminares señalaron la necesidad de una segunda vuelta entre ambas fuerzas políticas, la visibilidad de estos candidatos a la vicepresidencia ha escalado exponencialmente. Cada una de sus declaraciones, gestos y movimientos es analizado con lupa por millones de ciudadanos.

Aunque el Tribunal Supremo Electoral aún no ha emitido la convocatoria oficial para el balotaje, programado para el 19 de octubre, ya resuenan los primeros discursos de campaña de quienes acompañan a Paz y Quiroga en la contienda por el poder estatal.

Las aproximaciones de cada candidato al escenario político difieren notablemente. Velasco, un emprendedor del sector tecnológico, ha enfatizado su perfil de innovador, distanciándose de la política tradicional. Tras la jornada electoral, celebró en la capital junto a su binomio, reconociendo haber enfrentado críticas durante la campaña, pero optando por no responder, asumiendo que tales dinámicas son inherentes al ámbito político. En esta nueva fase, ha expresado una profunda admiración por su compañero de fórmula, describiéndolo como la mente más brillante y el líder más patriota, siempre alineado con el curso correcto de la historia del país.

En contraste, Lara, un exoficial de policía, ha adoptado un tono más confrontacional. Tras su llegada a El Alto, pronunció un discurso que sorprendió a observadores y militantes. Sus palabras no solo incluyeron críticas directas al candidato opositor, sino también advertencias a su propio compañero de fórmula. Su discurso ha incluido advertencias contundentes, presentándose como un garante de la voluntad popular y un vigilante de la gestión de su propio binomio, prometiendo confrontar cualquier incumplimiento de promesas. También ha dirigido críticas severas al candidato opositor, calificándolo de anacrónico y acusándolo de intenciones ilícitas, además de proclamar el fin de ciertas facciones políticas en el poder.

Estas declaraciones han generado un fuerte impacto en el espectro político. Algunos lo perciben como un nuevo líder carismático, mientras que otros lo asocian con figuras del pasado o lo ven como un elemento de riesgo, sugiriendo que su postura podría generar una tensión interna en su propia fórmula.

Historiadores y analistas de la comunicación han contrastado los estilos de ambos candidatos. Se ha observado en Velasco una comunicación que, en ocasiones, parece débil o con dificultades para conectar con un público amplio, evidenciada por ciertos eslóganes o confusiones geográficas que han sido objeto de comentario. Esta percepción lo sitúa como una figura más ligada a la élite que al contacto directo con la ciudadanía. Por otro lado, Lara se presenta como un outsider, un hombre del pueblo, ajeno a la clase política tradicional. Su pasado como oficial de policía dado de baja, su incursión en la venta de ropa usada y sus hábitos cotidianos, como comer en mercados populares, construyen una imagen de cercanía y empatía con las bases populares.

Expertos en derecho constitucional han puesto de manifiesto que, más allá de sus estilos personales, la principal debilidad de ambos radica en su juventud y la ausencia de experiencia previa en la conducción de un órgano tan vital para la gobernabilidad como la Asamblea Legislativa. Su desempeño en el Legislativo dependerá en gran medida de la composición y cohesión de sus respectivas bancadas parlamentarias. No obstante, se vislumbra una oportunidad: la próxima Asamblea no contará con la mayoría absoluta de la bancada del Movimiento al Socialismo, cuya fragmentación interna contribuyó a una notable devaluación de la función legislativa en años recientes.

Independientemente del resultado del balotaje del 19 de octubre, el control de la Asamblea Legislativa recaerá en uno de estos dos jóvenes líderes. Ante este escenario, en el ámbito financiero, se ha urgido a las fuerzas políticas contendientes a iniciar con celeridad un proceso de transición

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