La conclusión de la decimosexta jornada del torneo todos contra todos, que enfrentó a The Strongest y Blooming con un marcador final de 3-2 a favor del conjunto paceño, se vio significativamente alterada por un lamentable episodio ocurrido en el Estadio Hernando Siles. Cerca del minuto 92 del compromiso, un artefacto pirotécnico fue lanzado desde el sector de la afición local hacia el terreno de juego, impactando directamente en la pierna de Juan Godoy, delantero del equipo atigrado.

Este incidente activa las disposiciones del Código Disciplinario de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF). Específicamente, el Artículo 71 de dicho reglamento establece la responsabilidad del club anfitrión por los comportamientos indebidos de sus espectadores, incluso cuando no exista una omisión directa por parte de la institución. La normativa es clara al penalizar el uso de elementos como petardos, bengalas, gases lacrimógenos, pirotecnia, bombas de humo, láseres o cualquier otro dispositivo que ponga en riesgo la integridad de las personas presentes en el evento deportivo.

Las posibles sanciones económicas para la entidad de La Paz, en función de la seriedad del suceso y de su historial disciplinario, podrían oscilar entre 8.250 y 275.000 bolivianos. El árbitro del encuentro, Bruno Vera, dejó constancia del incidente en su informe, lo que llevó a la interrupción provisional del partido tras la explosión del artefacto.

Inmediatamente después del suceso, efectivos de la Policía Nacional intervinieron en la grada donde se ubicaba un grupo de aficionados del equipo local para restablecer el orden. Tras unos minutos de intervención y una vez garantizada la seguridad en el estadio, el juego pudo reanudarse hasta su conclusión.

Adicionalmente, el Código Disciplinario también tipifica como faltas graves los actos de violencia contra individuos, la manipulación de objetos inflamables y el lanzamiento de cualquier objeto al campo de juego. Estas infracciones pueden acarrear no solo multas, sino también la clausura de determinados sectores de las gradas o, en casos extremos, la inhabilitación total del estadio.

Ahora, el expediente será remitido al Tribunal de Disciplina Deportiva de la FBF, que tendrá la tarea de analizar los hechos y determinar si se aplicarán penalizaciones económicas o de índole deportiva al club involucrado. Este episodio, sin duda, reaviva el debate sobre las medidas de seguridad y el control de los aficionados en los escenarios del fútbol boliviano

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